• Amiga habitual de jornadas diurnas, el encuentro en playa abierta rara vez nos dejara indiferente por la belleza que entraña. Pero, no puedo dejar de reconocer que posiblemente será el segundo marco escogido, cómplice de mil noches premeditadas, quien nos revele la belleza y la pasión necesaria para convertirnos, ya sin remedio, en incondicionales de la búsqueda de predadores.

    Playas y oleaje,… rebuscando en el blanco de la espuma.

    ¿Puede haber mejor lugar para dar encuentro a estos infatigables centinelas que, aquel donde encuentran lo que necesitan? Sin duda, si existe un lugar atractivo para esta especie en playa abierta, este se sitúa entre la espuma de las olas y en las paredes de agua de algunas de nuestra playas. 

      playa de la fontanilla Capaces de enfrentarse a olas y corrientes imposibles, solo los más fuertes saben sacar provecho a los límites.

    Buscarlas en zonas relativamente profundas, donde el factor oleaje muestra bien diferenciadas las olas de origen oceánico, durante la época de eclosión de especies menores o, mejor aun, coincidiendo con el paso de los grandes bancos de alevines de sardina - nuestras conocidas parpújas -, nos proporcionara momentos plenos de belleza, emoción y fructíferos lances.

    Reconozcamos en la mar y sus llamadas de atención nuestra aliada y observemos. Es sencillo contar en numerosas ocasiones con inestimables colaboradores que nos mostraran claramente la presencia de una inequívoca actividad predadora bajo las olas, solo hemos de estar atentos.        

    Pajarera en playa

    Siempre están ahí. La mar se nos revela como nuestra mejor amiga y nos proporciona llamadas de atención.  Saber reconocerlas debe ser parte fundamental de la mochila del pescador.

    Si el movimiento del oleaje permite a estos cazadores el tener pitanza asegurada especialmente durante el día, existe un escenario aun más fructífero a lo largo de nuestro litoral para localizar a cualquier pez grande que come a chico, …donde las aguas se funden. El hecho que las desembocaduras de ríos y estuarios son lugares sumamente productivos para nuestra afición, no es secreto alguno.

    Profundidad, abundantes depósitos de nutrientes y sedimentos gracias a la interacción entre mareas y aportes fluviales unido a la relativa protección que ofrecen ante las inclemencias de mar abierto, hacen de esta fusión de mundos lugar idóneo para la concentración de numerosos cardúmenes de alevines y, siempre tras estos, para el paso obligado de predadores. Localizar salidas de cauces, dulces o salobres, - no olvidemos la increíble capacidad eurihalina de esta especie que le permite incluso remontar zonas de agua semisalobre sin dificultad - será clave de éxito. 

    Son estos puntos calientes, bien conocidos por experimentados pescadores de robálos y corvinas, enclaves que en rara ocasión no concentren un importante número de bailas de tamaño insospechado que pueden aportarnos noches de autentica lujuria de pesca.

    Dar encuentro, a la salida de un río o estuario, a los grandes predadores desde costa durante una marea relativamente corta con el cebo adecuado os aseguro que, puede llevar a la obsesión.

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  • Buscando las mayores

    En ciertos enclaves de nuestro atlántico andaluz esta especie suele ser captura relativamente habitual ya que la posibilidad de localizar numerosos pesqueros que presenten sus elementos de agrado, profundidad, aguas muy oxigenadas -sin demasiado sustrato en suspensión- y muy ricas en alevines nos permitirá augurar jornadas, a veces, muy productivas.

     Baila (Dicentrarchus punctatus) La pesca no suele ser fácil ecuación.  Pero, ¿por que no aprovechar lo poco que sabemos para aseguramos las mejores cartas?. Juguemos esta mano a nuestro favor.

    Robalo (Dicentrarchus labrax)

    Comparten hábitat y recursos.

     Compiten en la eterna lucha por el alimento. 
    Esta noche, … las sorpresas quedan aseguradas.

    Pero, aunque los ejemplares mas jóvenes se empeñen en mostrar ese marcado carácter gregario del que lamentablemente muchos abusen para capturar alevines, si queremos tener éxito en la búsqueda del gran pez hemos de partir de un principio básico, los adultos han llegado a su tamaño máximo por ser extremadamente desconfiados, demostrándonos de continuo su carácter errante y solitario, incluso, si los comparamos con otros predadores de muy superior porte.

    Optemos, si queremos jugar nuestras mejores cartas, por darles encuentro desde el ocaso al orto convirtiendo así a la penumbra en nuestra aliada.

    Será este el momento, aprovechando que el manto de la noche une cielo y mar ralentizando el ritmo de alevines y peces pasto cuando, nuestras protagonistas, haciendo uso de una agudeza visual marcadamente superior a la de otros competidores, se convertirán realmente en infatigables guardianas de las olas.

    Playa del cañuelo

    Bolonia, Zahara, Barbate. La profundidad del estrecho de Gibraltar y la riqueza de sus cauces. Lugares mágicos donde el pescador se funde con su entorno al continuo compás de las olas.

    Esta circunstancia excepcional, que nuestro cazador espera y sabe utilizar como pocos, es la que nosotros, ya conocedores de ese hábito de comportamiento, intentaremos explotar para que el lance juegue a nuestro favor.