• El Carmen, cuando la playa moja las calles.

    De arena dorada y fina. De fondos limpios, y con la riqueza del ajetreado muelle a derecha y la desembocadura de las marismas del Barbate a izquierda es, el Carmen, refugio de aficionados que buscan, en la tranquilidad de la cercana población, una noche más en la que confundir la luz de sus punteras con las estrellas.

    Playas de Cadiz

    Lugar habitual de Open, s y concursos, privilegio de noches de una belleza siempre enmarcada entre las bambalinas de la eterna atunara y las luces de fondo de la vieja África, sus tranquilas aguas se nos revelan como las últimas en ser abandonadas por las grandes doradas del otoño y escenario de lujo para las más grandes mabras (las solitarias herreras patrón, como gustan llamarlas los más viejos del lugar cuando superaran el kilo largo de peso). Gusanas de funda,  de nuevo nuestra querida gusana de canutillo, navajas, titas y americanos se alternan en el cajón de cebos de los pescadores del lugar que, impertérritos, saben que sólo en la espera se encuentra la recompensa.

    Pero, hay un secreto a voces guardado en este rincón. Sí, bajo el paseo la rubia ceja tiene su querencia, robalos y bailas nos esperan junto a la desembocadura del río. De nuevo, un mismo escenario, mil sorpresas

    Del Botero a Zahara de los Atunes,  16 kilómetros de arena y vida.

    Dejada atrás las amplias marismas del estuario del Barbate, y continuando con nuestra ruta por la CAP-2223 que paralela a costa nos conduce hacia el pueblo de Zahara de los Atunes, todo se nos antoja volverse desierto infinito. Pero, nada más alejado de la realidad; Cañitos con sus nueve kilómetros salpicados de salientes rocosos; Pajares, a los pies de la Sierra del Retín, manteniéndose tan virgen como hace treinta años a causa de la servidumbre militar a la que se ve sometida y, por último, esos seis kilómetros de leyenda que componen Zahara de los Atunes nos confirman una ansiada realidad. Nuestras viejas mochilas han llegado ante los grandes pesqueros.

    Botero y Pajares. Confidencias al oído.

    Botero y Pajares conforman un todo peculiar. Diez kilómetros de arenas infinitas, en un entorno virgen carente de todo rastro humano que nos devuelven, de inmediato, a nuestras playas de antaño.

    La inmensa extensión de este arenal, que se extiende hasta el arroyo de la Zarzuela en el encanto de arenas blancas y limpias aguas sin asomo alguno de lacra urbanística, se debe a un solo secreto que las han mantenido inmutable al paso de los últimos treinta años,… su adscripción a Defensa como campo de maniobras. Pero, no nos asustemos, su vinculación real se reduce prácticamente a sus últimos metros, ya en Pajares, donde, de forma esporádica se realizan ejercicios puntuales que no suponen mayor obstáculo para su libre acceso y, lo que es más importante, para practicar la pesca sin mayores problemas.

    Playas de Cadiz       

    Caracterizada por sus amplias zonas de limpio, que se alternan de continuo con numerosos salientes rocosos, sus fondos permiten ser el cobijo de una amplia variedad de especies. Grandes chovas y, sueño perenne de muchos de nosotros, las grandes Serviolas pelágicas del Estrecho – conocidas en la zona como peces limón - que, capaces de arrancar a nuestros carretes 500 metros de sedal sin darnos tiempo tan siquiera a regular el freno, se convierten en las grandes divas de este arenal que nos traslada hasta nuestras añoradas playas de los setenta.

    Pero, al igual que sus zonas de limpio posibilitan todos los años varias de las mayores capturas de doradas de la zona, estas arenas también son, con sus grandes lajas de piedra y sus salientes rocosos en esa tierra de nadie de la linde de bajamar, capaces de cobijar esa fauna más menuda alegría de mil jornadas.

    Su playa de un marcado carácter somero nos alerta, a poco que prestemos atención, como en ciertos puntos a nuestro alcance sus corrientes fluyen y el color de sus aguas se vuelve más intenso.

    El Retin.

    Cádiz, tierra de esperanzas, regada de mil mareas rotas.

     Destacando así esos puntos “calientes”, de mayor profundidad, que serán nuestras mejores cartas para ganar la nueva partida. La elección del cebo adecuado, especialmente gusanos como el americano y la catalana para las zonas “del limpio”, así como muergos, chocos y titas “de palangre” para las “del sucio” permitirán aliar, un lance más,…a la suerte de nuestro lado.

    Robalos, sargos, besugos y bailas deambulan continuamente sus aguas a nuestra espera. A casting, a spinning, la costa barbateña sigue mostrando sus infinitas posibilidades para aquel que, no sólo mira la mar, sino que sabe también sabe escuchar que le susurra.

    Zahara de los Atunes, identidad propia.

    Cuando hace más de diez años hablando ante nuestras cañas, como no, “de lo mal que esta la pesca” un viejo amigo francés me dijo, “eres afortunado, solo con Zahara, tu provincia tendría nombre de pesca”.

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  • Definió, en una sola frase, qué puede significar este rincón para quien es capaz de atravesar un país con tan solo la ilusión de pisar las arenas que ahora andamos juntos. Sin duda preciado honor en una tierra, como es Cádiz, que siempre se sintió novia de la mar.

    Desde que nuestros pasos dejan sus primeras huellas en las arenas del estuario del Candalar y el Zarzuela - su conocido río Cachón - hasta que nuestra vista queda deslumbrada ante los reflejos del Cabo de Plata, la certeza de encontrarnos en un lugar único nos invade en esta tierra de los atunes.

    Nuestra inquieta mirada de pescador se pierde sin esfuerzo en un espectáculo singular de azules aguas que, acunadas entre dunas móviles, se funden livianas a lo largo de los Lances de Sara hasta su sierra de la Plata.

    Una sensación que nos confirma que estamos ante el pesquero más renombrado de la Provincia de Cádiz. Pero pescar hoy, siquiera en Zahara, es tarea fácil. Así que, ¿por qué no jugar con la ventaja de “algunas” jornadas vividas para conocer sus secretos?, sacudamos la arena de nuestra mochila, llegó la hora de mojar los hilos.

    Varios son los puestos que hablan por sí mismos de muchas de las mejores pesqueras que se han realizado en este rincón de la costa. Doradas, dentones, pargos, corvinas, sargos, chovas, limones, verrugatos, robalos, bailas e, incluso, algún túmido dan buena fe de ello.

    Playa de Cadiz

    Puesto codiciado, Zahara de los Atunes se vuelve profunda.

    Hoy, el azar, nos trae ante una de esas mareas largas y tras las primeras lluvias de primavera. Unas circunstancias especiales que dan renombre a un puesto único, el Cachón, donde el fluir de las aguas del Calandar y el Zarzuela se funden con el Atlántico.

    Sería un pecado dejar pasar la caída de la tarde, acompañados de esta propicia bajamar, sin tentar este rincón cuando sabemos que sargos, bailas y robalos buscan la comida fácil en la turbia mezcla de agua dulce y salada que el Cachón magistralmente entremezcla. Con suerte seremos de nuevo bendecidos por una gloriosa noche que, nuestro dolor de brazos por la briega, nos haga recordar una temporada.

    Reservemos la siguiente jornada para tocar las claras aguas bajo el antiguo hotel, monumento a la sin razón del ser humano, que por suerte acabó derruido antes de ser terminado. Allí, donde las aguas de Zahara se tornan profundas, gusta patrullar a la gran dorada junto a los mejores cazadores dueños de sus corrientes.

    Dorada

    Será el cangrejo verde nuestra apuesta segura para tentar a la desconfiada rubia de cejas de oro si hay que evitar el rúame menudo y, la tita, el ermitaño y el americano - o incluso la catalana - cuando este no haga acto de presencia para, así, asegurar el lance largo, tan necesario en tantas ocasiones cuando se resiste a su cita. Reservemos para la tarde, y la noche, la sardina (o mejor aún, la tira de melva pequeña), el choco o incluso pequeñas lisas vivas para que, y sin miedo a ser ascados en anzuelos por encima del barra cero, pongan a prueba el temple de nuestros nervios sí, en las sombras de la noche, el gran pez hace chirriar una vez más a nuestros carretes anunciando, sobre el rumor de sus olas, la fama de este rincón.

    Pero, para rozar lo perfecto, un pesquero ha de proporcionar ocasión a todas las modalidades y, Zahara,…lo es. No podemos abandonar este regalo que nos hace la naturaleza sin dedicar unos minutos a un lugar que parece diseñado para el spinning y el corcheo. Único en concepto, magnánimo en resultados, el bunker.

    A los mismos pies del Cabo de la Plata, y metido hasta las rodillas en las frías aguas del Estrecho, este singular legado de la guerra civil se convierte, por méritos propios, en el puesto más apreciado para el hábil pulso de pescadores a spinning y para la eterna paciencia de pescadores de corchuela. Un lugar donde el tiento, y el saber hacer de muestras y boyas, rescatan de continuo de entre las rocas en las que se asienta el viejo bunker las mejores escamas del Atlántico. Espectáculo único donde el brillo de doradas, sargos, robalos y bailas se renueva ante los rojos destellos de brecas y negros borriquetes.

    Ya te dejamos Zahara, ... sólo por hoy. Cientos de historias de pescadores te han hecho grande y seguirán haciéndolo pero, desde que abandonamos Trafalgar hasta este momento en que el límite de Tarifa nos acoge, nuestra mochila, rebosante de la magia de esta ruta por el paraíso amenaza seriamente con reventar por sus costuras.

    Final de camino.

    Nuestros pies, cansados del camino, y nuestros ojos, plenos de maravillas, reclaman merecido descanso y marcan final de nueva etapa.

    Playas de Cadiz
    Aliviemos el peso de nuestra, cada vez más, maltrecha mochila. El singular entorno de los Alemanes, el oculto arroyo del Cañuelo y la belleza sublime de la ensenada de Bolonia, Baelo-Claudia romana y edén en la tierra para muchos de nosotros,… serán quienes nos digan finalmente adiós. De nuevo hemos de hacer hueco, solo uno más. El paraíso … bien lo vale.