• La Barrosa, cuando la arena se hace vida.

    Si la riqueza de Sancti-Petri queda impuesta de manera muy especial por su profundidad, las playas de la Barrosa se nutren de la fuerza y el empuje de las olas. Su acceso, mediante cómodos enlaces desde la cercana ciudad de Chiclana de la Frontera, a escasos minutos en vehículo, nos permitirá acceder a una espectacular playa de arena finísima que presenta fondos batidos de forma continua. Playa somera, salvo contadas excepciones, y con diferencias intermareales que superan en muchas ocasiones intervalos superiores a los ciento cincuenta metros durante las mareas de mayor coeficiente, se nos presenta con una gran riqueza en pequeños crustáceos y moluscos bivalvos generando un lugar idóneo para dar encuentro a los grandes espáridos.

    Playas de Cadiz

    Todavía asusta a muchos encontrarse ante varios kilómetros de playa, saber leer sus secretos …nuestra única baza.

    Lances largos, hilos finos y aparejos estudiados para alcanzar el “mas allá de las olas” en toda su plenitud se nos revelan imprescindibles. Bellísimos ejemplares de doradas, algunas con tallas de ensueño superiores a los cinco kilos, nutridos grupos de mabras -nuestras herreras-, junto a bailas, rayas y sargos blancos como la espuma se prestan como blanco y objetivo fundamental de nuestras líneas.

    Playas de Cadiz

    Busquemos durante el verano y la primavera como compañero el viento de levante suave, ese que riza suavemente la mar y la mantiene clara y transparente en los meses del estío para, con la alianza de gusanas americanas, titas o navajas -el famoso muergo de la zona- presentado entero con sus valvas, a las que harán frente sin mayor problema las poderosas mandíbulas de los grandes espáridos de la zona permitiendo que su sabroso interior quede a salvo de los hambrientos pequeñines o, tan solo, con su carne licrada si la actividad de estos decrece como una incomparable golosina para deleite de delicadas herreras.

    Como en muchas de las playas de la zona, la llegada del invierno a la Barrosa la convierte en un escenario totalmente diferente y peculiar. Si el levante fue nuestro compañero y aliado en los meses de canícula será ahora el poniente moderado quien nos permita, al amparo de sus aguas tapadas, encontrar a las lobas del invierno patrullando sus aguas.

    Si el verano imponía el lance largo, potente y estudiado, para dar encuentro a las rubias doradas el frió invierno nos pide alcanzar la batiente de esa tercera ola oceánica que rompe el fondo en su batir en la certeza de que, tras ella, los predadores andan de caza. Dejemos hueco para nuestros plomos de grapas o de estrella en 120 y 130 gramos quienes, en muchas jornadas de potentísimas corrientes laterales, serán realmente el fulcro que decida la balanza de la pesca.
    Como vemos, y sea cual fuere la estación elegida para colocar nuestras cañas en este rincón del sur, no os quepa duda que esta playa nos puede proporcionar ocasos y ortos dignos de reyes, “casi” sin salir de los límites de la ciudad y de una playa urbana que mantiene aun parte de la frescura de lo salvaje.

    La Torre del Puerco, la riqueza de lo mixto.

    Siempre hay un punto donde se mezclan dos mundos y, en esta primera travesía, es la playa de la Torre del Puerco ese lugar.
    Su situación, justo al final de la última pista de la Barrosa y suficientemente alejada de los complejos hoteleros y de la ciudad con su bullicio, esta playa nos proporciona una primera pincelada de lo que será habitual encontrarnos a lo largo de todo el periplo que en este camino por el atlántico gaditano hemos emprendido.
     

    Playas de Cadiz

    Desafiante al paso del tiempo, la torre del puerco corona nuestras jornadas. Testigo de mil noches, será nuestro referente para escoger los distintos puestos de pesca.

    Su profundidad variable, mayor a medida que nos acerquemos en dirección a las Calas de Poniente de Roche, su gran riqueza y la posibilidad de escaparnos a una zona que, sin estar excesivamente alejada de los núcleos urbanos nos permita un margen de soledad, la hacen una tentadora referencia muy a tener en cuenta. Rica en robalos durante el invierno, esplendido pesquero de doradas por otoño (los grandes ejemplares de vuelta) y con la posibilidad de capturar tanto especies del limpio como de roca por su cercanía a los roquedos sumergidos de Conil, pescar en el puerco exigirá de nosotros una continua adaptación a sus variables.

    Gusana americana

    Preparar bajos acordes a la temporada y especie mas notoria que buscamos en cada momento es siempre un as en la manga de cualquier pescador que se precie pero, si de verdad queremos tener éxito en esta playa, nunca olvidaremos cubrirnos las espaldas con diversos diámetros para nuestras cametas y mantener a mano un buen numero de anzuelos de diferentes números y modelos para adaptarnos sobre la marcha a lo que la jornada nos ofrece.

     

     

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  • No es nada raro empezar tocando doradas para terminar tentando el sargo en su oleaje ni tampoco inusual el que, tras robarle róbalos y bailas a su espuma de invierno, finalicemos la jornada capturando alguna que otra pieza propia de los roquedales cercanos cuando estos baten esta cercana playa en sus incursiones.

    Calas de Roche

    Cebos multiuso como el muergo, la americana y la tita serán tan cómplices como nosotros de cestos tan variados en especies como, en algunos casos, en capturas y que nos harán con suerte maldecir con media sonrisa la subida de la loma que da nombre a este rincón.

    Roche y sus calas, comunión de roca y mar.

    Cala de Roche

    Tan solo con acercarnos a la bellísima población de Roche, ya en el marco de la singular Conil de la Frontera, final de etapa de nuestra particular marcha y arranque de la segunda propuesta de este camino que, de continuo, nos empuja hacia el sur nos hace participe de su fascinante encanto. 

     

    Dominado el conjunto litoral con su moderno faro, asentado sobre las ruinas de enclaves que con su mismo fin se pierden en la noche de los tiempos, su luz divide magistralmente su costa y calas en sus dos vertientes, las de poniente y las de levante.

     

    Esta lógica divisoria da nombre genérico al conjunto de sus calas que, fruto del abrigo ante los dos vientos dominantes de la zona, nos proporcionan una ventaja añadida. A no ser que el dueño de los vientos se empeñe en mostrarnos todo su poder,… siempre habrá un rincón en Roche y una cala escondida que nos permitirá pescar.

    De la calidad de su entorno viene mi perdición por ellas. Sin duda pocos serán los amantes de nuestra afición que no se rindan ante el encanto natural y paisajístico de sus rincones y calas que, nacidas al refugio de pequeños acantilados y de aguas limpias y cristalinas, nos dejaran en la retina momentos de tan vivida belleza que difícilmente dejaremos de recordar.

    Pero,… volvamos a lo práctico. Para llegar a este conjunto de calas utilizaremos la carretera comarcal costera que une Chiclana y Conil y, para los accesos hasta pie de playa en cada una de ellas, las escaleras que a tal fin salvan los acantilados. Solo una advertencia, precaución con el coeficiente de mareas,…en mareas vivas algunas pueden menguar tanto que casi desaparecerán bañadas por la mar.

    En cuanto a modalidades unas son aprovechables para el surfcasting, otras para el rockfishing y todas sin excepción para el spinning. Así que, sea cual fuere la técnica escogida, un amplio rosario de capturas puede llegar a engrosar nuestro morral.

    Morena.

    Si nos centramos en el gran lanzado mar como técnica preferente, huidizas corvinatas, bellísimos verrugatos de arena, borriquetes negros como la noche, salmonetes de rojos reflejos, redondos rodaballos y nuestro eterno sargo blanco, compitiendo de pleno con sus hermanos los bedaos o sargos soldados, serán de continuo fieles compañeros nocturnos de nuestras jornadas.

     

    Nada mejor para invitarlos a la cita de nuestros engaños que el muergo y la tita bibi para las noches en las que clarea la luna y los gusanos autóctonos, de gran poder foto luminiscente, para las noches más cerradas.

     

    Pero no podemos olvidar que nos encontramos frente a los ricos bajos sumergidos de los marrajos y ante uno de los de pesqueros con mayor prestigio reconocido internacionalmente en el mundo de los pescasub, la aceitera, así que no evitéis nunca alternar vuestras varas cebando con algún que otro cangrejo ermitaño que reclame la atención de los, cada vez, mas escasos y desconfiados dentones y urtas. Su visita, aunque día a día más extraordinaria,… no es algo del todo imposible.

     

    Tomemos aliento.

     

    Dejemos, por un momento, nuestra mochila apoyada en algún rincón de nuestra imaginación para poder digerir algo de lo mucho que este camino nos ha ofrecido.

     

    Tal vez ahora sea tan buen momento como cualquier otro para recobrar el aliento que nos hará falta para enfrentarnos a la próxima etapa. 

     

    Cadiz en la mochila

    La ruta, desde la noctámbula Conil de la Frontera hasta la marinera y fascinante Barbate, nos espera.

     

    Traed poco equipaje y dejad sitio de sobra para llenarlo, hasta rebosar, con la belleza que la mar y la tierra de este trozo del paraíso nos regala.

    Te espero abajo,  … no me tardes.

     

     

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