• Pero sacudamos de nuevo la arena de nuestros bártulos, no sin antes emplazar un nuevo regreso a este rincón durante esos días de desasosiego de Levante. Es mucho lo que nos ofrece el camino y escasa la tinta para hacerlo, la urbana playa de los Bateles y su antagonista, la brava Castilnovo, nos esperan. Dos mundos distintos, solo separados por la desembocadura del Río Salado.

    Bateles y Castilnovo. Dos caras de una misma moneda.

    Si algo caracteriza la costa de Cádiz es el contraste de mundos en el que nos sumerge de continuo su litoral, siempre al galope de mareas, a caballo entre la piedra y arena, el viento y la mar. Una diversidad que nunca nos dejara indiferentes pero, en este caso, no hablaremos de escarpadas paredes cortadas a tajo, tampoco de abismales diferencias de profundidad, siquiera de caudalosos cauces. Hablamos de algo tan sutil que ha permitido, no obstante, que dos escenarios de pesca tan cercanos se nos muestren antagónicos tan solo por la simple acción del cauce de un pequeño río de aguas semisalobres que, como una costura, descose la piel de Conil creando el entorno del Salado y su desembocadura.

    Si los Bateles es playa urbana por excelencia de un lugar tan colorista como Conil de la Frontera, su afluencia de veraneantes y sus fiestas nocturnas durante el verano, no la convierte a priori en la mejor pareja de este pescador solitario que siempre huyó de aglomeraciones y gustó el que sus huellas fuesen las únicas tras de si en cada nueva marea. Pero aun así el arenal que baña la noctámbula población permitirá, sin duda, agradables veladas de verano y jornadas de invierno plenamente satisfactorias a los que, menos inquietos que este que os escribe, gusten de la tranquilidad de mantener su vehículo al lado y las luces de una población a la espalda.

    Playas de Cadiz

    Solo un pequeño cauce es capaz de separar dos mundos. Castilnovo siempre pondrá el listón alto a pescadores que no teman lo difícil.

    Pero en este cambiante mundo de la costa gaditana, incluso en playas hermanas, un simple matiz geográfico es capaz de diferenciar abismalmente dos pesqueros tan cercanos y, aquí, la larga cicatriz del Río Salado es la única culpable y artífice del milagro.

    Si los Bateles son para mi sinónimo de lo urbano, tan solo bastan unos metros sobre un puente de madera y la desembocadura de un río, que apenas cubre hasta las rodillas, para que las arenas de Castilnovo se nos revelen pletóricas de la ansiada esencia de lo salvaje.

    Su mas de dos kilómetros y medio de arena de grano compacto; su perfil, siempre ribeteado de entrantes y salientes relucientes de blanca espuma y sus perennes corrientes laterales durante casi todo el año, son sueño y pesadilla de mil noches difíciles de pescadores de a pie. Reto continúo de jornadas de plomos de grapas que se afanan en mantener el precario equilibrio de nuestras líneas sobre su fondo y… esperada recompensa de mil escamas que aguardan en sus inquietas aguas.

    Playas de Cadiz

    Su torreón defensivo, testigo callado desde hace siglos de temporales y mareas que cede su nombre a este rincón, se sitúa en su mitad casi perfecta. Algo que nos viene pintado a nosotros que lo convertiremos, por esa magia de las coincidencias que nunca lo fueron, en el punto de ruptura idóneo para diferenciar sus características. Porque, en esta tierra,… hasta las piedras son dueñas de sus propias historias.

    Tomemos como referencia para este tramo la desembocadura del Salado, que cruzaremos por un peculiar puente colgante de madera al que accedemos desde el paseo marítimo de esta bella población, y oteemos el horizonte en dirección a su torreón. De inmediato, nuestra vista acostumbrada a buscar esa referencia que nos permite traducir lo que la mar nos cuenta, se revela tajante. La corriente se muestra potente en dirección al cercano Trafalgar y las batientes paralelas se alternan con grandes entrantes de agua. No hay duda, la primera parte de esta playa, somera, batida y rápida, nos alerta ante un lugar idóneo para tentar al gran sargo y las deseadas lubínas del invierno.


    Robalo.
    Aun así, en esta ecuación sin solución que es la pesca, hacen falta muchos ingredientes para pretender que cuadre y, en esta ocasión, la cercanía de la desembocadura del Salado cierra definitivamente a nuestro favor el problema. Su riqueza en gusanos poliquetos, especialmente gusanos de funda – nuestro apreciado gusano de canutillo – y de un pequeño cangrejo arenícola que gusta esconderse en su ribera, el pataliao, hacen un apropiado suma y sigue.

    Cebos autóctonos, lances largos que permitan solventar la dificultad que entraña la batiente de sus olas y, por supuesto, plomos diseñados para sujetar al fondo nuestro engaños son requisitos indispensables para convertir este infierno de corrientes en paraíso de pesca.

    De nuevo hemos de continuar camino despidiendo este primer tramo, tan bravo en corrientes y espuma como en belleza para que, una vez superada la vieja Torre del Castilnovo, un nuevo escenario nos sorprenda gracias a un curioso cambio de circunstancias.

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  • Sí, el primer tramo se nos muestra tan propio de pelágicos y grandes nadadores, la mayor profundidad que apreciamos en esta segunda etapa junto a la perdida de fuerza de esa corriente lateral que nos acompañaba al principio, abre la posibilidad a doradas y sargos amigos de ambientes más cómodos.

    Sargo. Diplocus sargus

    No hace falta ser un gran observador, cuando andemos este tramo del litoral, para comprobar que el sustrato que deposita la mar se vuelve cada vez mas denso y que pequeños guijarros, conchas de bivalvos y plumas de chocos hacen paulatino relevo a los depósitos mas menudos que encontrábamos al comienzo, prueba clara de una mayor profundidad cercana a costa.

    El muergo, el choco de trasmallo fresco y las titas reclaman su sitio en nuestra caja de pesca y, de nuevo, la necesidad del lance potente que alcance el punto tras las olas donde las aguas calman, serán llave del éxito.

    El Palmar. La inmensidad de un mar de arena.

    Sin abandonar lo privilegiado de este entorno de aguas transparentes y arenas sin fin que acabamos de abandonar en Castilnovo, tras el corte del Río Conilete, una nueva playa nos acoge. La población de Vejer de la Frontera, encerrada todavía en la esencia del espíritu mozárabe que impregna sus calles, nos saluda y entrega su dorado tesoro, la playa del Palmar.

    Arroyo de San Ambrosio

    4.200 metros de longitud, mas de 50 metros de ancho y a tan solo 9 kilómetros del núcleo urbano al que podemos acceder desde Conil por la ruta costera que atraviesa una bellísima dehesa de ganadería brava o desde la A-48 por la salida Conil-Playas para ir descubriendo como, a su derecha y entre dunas, emerge orgullosamente custodiado por los cabos de Trafalgar y Roche uno de los mayores arenales de la provincia.

    El hecho de encontrarnos ante un verdadero mar de arena batido de continuo por los vientos y donde algunas de sus olas son tan conocidas internacionalmente que atraen a gran parte del mundillo “enemigo” de esa peculiar familia formada por kitesurfs y surfboards que tan sorprendentemente imantados se sienten ante la presencia vertical de una caña, dan una noción clara de su dificultad para nuestra actividad.

    Reconocida en la localidad como de las más difíciles de la zona, es tan presta a las odiadas porras como a días de gloria. No hay una realidad única en el Palmar, esta playa seguirá siendo para cada uno,… como le haya ido.

    No es tema de nuestra marcha el contar como se captura una buena dorá , ... doctores tiene la iglesia.

    Pero nada me impide compartir con vosotros, compañeros de este asombroso viaje, algunas de las circunstancias que nos permitirán, solo a veces, contemplar como el dorado milagro metido en kilos se pone panza arriba tras la lucha y el sol se refleja en su blanco vientre después de haber llevado nuestras emociones al límite.

     Doradas. Sparus aurata
    Aprovechemos el resguardo natural que presenta esta zona del frecuente viento de Levante y acudamos precisamente cuando este haga acto de presencia en la zona.

    Será el alba, durante los meses primaverales, y con el auxilio de cebos ligeros pero a la vez suficientemente duros para paliar el ataque de la morralla como el canuto licrado de tita de palangre o los gusanos americanos, mantengamos la mayor distancia durante el lance.

    Dorada. Sparus aurata
    Estas dos premisas serán nuestras mejores cartas, bastara añadir paciencia y nuestra eterna compañera cuando se trata de dar cita a tan especial señora, la suerte, lo que necesitaremos para preparar el cóctel del encuentro.

    No obstante varios ingredientes son comunes para enfrentarse a este gran arenal.  

    De nuevo el lance largo, el cebo polivalente – no despreciéis nunca a las humildes gusana de playa y a las livianas catalanas -, poco viento de Levante si no queréis terminar conociendo Tarifa y un secreto de amigo, las desembocaduras del Conilete, el cruce de los arroyos de la Parrilla con el San Ambrosio y el frente del restaurante el Pájaro Verde no pueden faltar en nuestras notas.

    Sorpresas en forma de doradas de ensueño y grandes chovas siguen siendo tónica habitual de los pocos afortunados a los que el Palmar mantiene respeto.