• Y contemplo Barbate y supo de la grandeza de su obra.

    Si tuviera que escoger un lugar para, de una sola pincelada, mostrar la máxima expresión de la belleza del litoral gaditano tardaría muy poco en decidir. Sin pensarlo, el edén de este particular paraíso de pescadores lo situaría en cualquiera de los muchos rincones que, a todo su largo y ancho, esconde mi querida y maltratada Barbate.

    Porque, lo que nuestro inquieto pescador no intuye cuando, todavía superado por la blanca inmensidad de las arenas de El Palmar, gira sus pasos hacia el Sur es que algo esta a punto de ocurrir, … algo le dejara ya marcado para siempre. Pero, es demasiado tarde para avisos, todo el encanto de la Costa de los Atunes lo ha atrapado y nunca podrá olvidar la belleza y la riqueza que, como canto de sirena, la marinera Barbate le muestra y ofrece a unos pasos.
    Faro de Trafalgar.
    Poder sentirse privilegiado y único observando la vista que, desde lo alto, el Faro de Trafalgar muestra de uno y otro lado de su Cabo; comprobar el magnifico engarce de playas solitarias guardadas por acantilados creados por la inmortal magia de la danza de milenarias olas; admirar los mil entrantes rocosos acariciados por ese azul único, intenso y profundo, del Estrecho de Gibraltar.

    No son mas que, al fin y al cabo, la certeza de que la Costa de las Almadrabas aun nos reserva su plato fuerte para el próximo camino. Marisucia, el Pirata, Caños de Meca, la Hierbabuena, el Carmen, los Cañillos, Pajares y Zahara de los Atunes, junto a la tarifeña playa de los Alemanes y la belleza casi ilegal de Cabo Gracia y Bolonia, dejaran ya para siempre impresas de su luz las retinas del afortunado pescador que se les acerque.

    Playas de Cadiz
    Nuestra mochila espera y el camino se impone. Se acerca el final de esta segunda jornada. Hagamos de nuevo hueco en ella descubriendo juntos algunos de los encantos que el Placer de Trafalgar nos reserva,… nos va a hacer falta todo el espacio.

    De la Mangueta a Faro de Trafalgar, la esencia de lo puro.

    No podíamos haber escogido lugar mas apropiado para terminar nuestra andadura por hoy. Las rocas del Faro de Trafalgar nos esperan y su haz de luz, juez de batallas, nos indica la marcha. De Mangueta al Faro, sobre rocas y mar, todo se convierte en luz, magia y pesca.

    Mangueta y Zahora, espíritus libres.

    De nuevo la simpleza del cambio nos llama la atención. Tras recorrer una mar de arenas sin fin, nos ha bastado un simple giro para encontrarnos con toda una sinfonía de rocas.

    Playas de Cadiz
    Solo cruzar el arroyo del San Ambrosio, una manga de su agua crea una laguna en la misma orilla hasta una punta de arrecifes que en su extremo sur se adentra en la mar, la manga – de la que recoge su nombre “mangueta” -, nos confirma nuestra ubicación. Hemos llegado a la playa hippie por excelencia de Cádiz, estamos ante la Mangueta.

    Playa ventosa, con el recio levante cálido de verano, circunvalada por una faja de casi seiscientos metros de arena tan fina como granos de azúcar y de aguas azul turquesa que se ven salpicadas, aquí y allá, por continuas lajas de piedra que se adentran jugando al escondite en la profundidad del Estrecho, se nos muestra como privilegiado puesto, casi de manual, para la pesca al vivo y a la boloñesa.

    Pero si, de lo que se trata es de jugársela a surfcasting, tampoco hace ascos la mangueta a esta modalidad. Eso si, en este caso vale mas maña que fuerza. Es evidente que su fondo pedregoso no es el mejor amigo de hilos finos y cañas de acción liviana, al fin y al cabo, para intentar tentar a los gigantes del estrecho tampoco nos hacen falta.

    Playas de Cadiz
    Pescar a plomo perdido en marea alta, utilizando los ingeniosos bluklbrakers o liberadores de plomo, cebar con una buena caballa o una tita “de carne” y un sedal nunca inferior al .35 nos permitirá mantener la esperanza de tentar, y lograr traer con éxito, del otro lado del azul a los grandes sargos, robálos, palometones, chovas o, incluso, algunos de los pargos que, siempre ariscos, se nutren de su rico fondo. En cuanto a la técnica del spinning poco que contar que no hayáis ya adivinado.

    Si en algún lugar de esta costa la partida adquiere dimensiones de juego de maestros cuando se trate de inspirar vida a uno de nuestros paseantes en la punta de un arrecife, la Mangueta tendrá siempre algo que decir. Y ya, casi sin querer, nos hemos metido de lleno en Zahora.

    Continuación de la Mangueta, Zahora y Cala Isabel describen el último pasaje rocoso antes de la esplendida playa del Faro. Pero, a diferencia de su rocosa vecina, este rincón proporciona un secreto a voces. El lanzado, como lo conocemos, es posible a veces.

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  • Así es, en el cambiante juego de las mareas atlánticas hay un ciclo que nos permite la pesca en Zahora. Aprovechemos los coeficientes de grado medio para que, a partir de 65º / 70º, las aguas entren en el circo natural de su ensenada de piedra y, con arte y saber hacer, tentar a esos borriquetes negros como la noche cuarteados en kilos que le han dado fama.

    Corvina

    Fácil pescar la mangueta, no. Productivo, tenlo por seguro.

    Solo necesitaremos las tres últimas horas de creciente, el reparo de pleamar y las tres primeras horas de vaciante de un mes de primavera. Con suerte, no nos harán falta ninguna más.

    La playa del Faro. Pescar junto a la historia.

    Para algunos de nosotros, a los que nos fascina lo que la mar y su historia esconde, poder pescar en lugares tan emblemáticos como este nos produce sensaciones difíciles de trasmitir.

    Sabernos en un enclave único; lanzar nuestras líneas y observar como, una vez el plomo toca la superficie del agua, su latente profundidad es capaz de robarnos aún mas de quince metros del sedal de nuestras bobinas; contemplar la inmensidad de un mar que nos devuelve la mirada azul de miles de marinos que lo han recorrido desde el comienzo de los tiempos y, como guinda, poder tentar desde tierra especies tan codiciadas deportivamente como cazones, tintoreras o chovas, nos puede trasladar a otro mundo. Y aquí, ante las piedras del antiguo Templo de Juno, Trafalgar, testigo ecuánime de la derrota de la gran alianza franco-española ante el ingles, no hace falta demasiada imaginación para, en la calma de sus noches, oír como el rumor seco de las olas mezclan el eco de las voces perdidas de la batalla y el rugir de galeones con el sordo chirriar de nuestros carretes.

    Pero es momento de mojar nuestros pies en sus frías aguas para volver a la realidad del camino. Accedamos a ella desde la A-48 o la Nacional 340 y, una vez llegados a Vejer de la Frontera, optemos por el desvío de la CA-2141 que nos llevara directamente hasta la playa del faro. Escoged bien el equipaje,… aun nos queda medio kilómetro que tendremos que hacer andando

    Playa de Marisucia.

    La playa del faro es posiblemente de las más bellas para nuestra afición de toda la zona de Los Caños de Meca. De corrientes rápidas y turbulentas y con una profundidad extrema a pocos metros de la orilla, asombro de propios y extraños, sus frías aguas reclaman todos los años la vida de algún atrevido pescasub en las inmediaciones de los bajos sumergidos en los que se asienta, especialmente el situado a escasos 700 metros de la orilla - la Aceitera -, referencia mundial para el submarinismo con mayúsculas. Profundidad, turbulencias, zonas de limpio rodeadas por cuevas infinitas habitadas por toda la riqueza íctica del Estrecho de Gibraltar, galeones hundidos como el Bucentaure o el Fougeux descansando el sueño de la batalla en sus aguas, ¿se puede pedir más?

    Pero, como en todo puesto de pesca, la experiencia siempre es un grado. Si queréis tocar esa escama que se nos repita en sueños no pueden faltar como cebos la caballa pequeña, fresca y de no mas de 20 centímetros. Situémonos lo más cerca posible a las rocas de asiento del faro nuestro puesto y busquemos mareas medias para, armados de bajos acerados montando anzuelos bien pasados el barra cero, esperar ver con suerte como toca el puntero de alguna de nuestras cañas el mismísimo suelo. Cazones, chovas, robálos, congrios y hasta algún despistado mero puede ser los invitados a este especial juego. Esperad pocas picadas, pero… alguna será de merito.

    Aun así, la playa del Faro también se extiende limpia de rocas, salvo algún inmenso cascajo perdido que más que entorpecer enriquece su fondo, hasta coserse con Zahora. Sargos, borriquetes, doradas, herreras, bailas y roncadores se constituyen en los habituales de la fauna menuda de este rincón. El muergo entero, la tita, la gusana de playa o incluso el curruco, especie de concha fina mas oscura de cáscara y mas sanguinolenta en carne que su pariente, que retiran algunos pesqueros en su arrastre y cuyas conchas se encuentran por doquier en esta playa serán cebos idóneos para mantener la esperanza de que cualquier peso pesado tense nuestras líneas en la zona del limpio y nos ponga la adrenalina a cien.

    Hoy,  ya no cabe un gramo más,

    El gran Tajo de la Breña con su roja senda nos marca la nueva ruta y, a los pies del Coloso de Trafalgar, Marisucia y Los Caños se empeñan en seguir jugando a ser tan hippies como en los setenta.

    El intenso azul de la mar nos ha hecho ya perder todo sentido de la realidad y el emisario del continente africano, el Faro de Tánger, nos guiña inquieto su cíclope ojo a menos de quince kilómetros.

    Playas de Cadiz

    Escondida, como niña coqueta tras sus pinares, la bella Barbate ríe mojándose las faldas en el Carmen. Zahara de los Atunes nos salpica con el aleteo de calderones y orcas en su horizonte y, orgulloso, Cabo Gracia protege altanero Bolonia y los Alemanes.

    Este camino por las arenas de mi Cádiz acabara en las próximas andaduras por el paraíso. La ruta de los Grandes pesqueros de Cádiz esperan a vuelta de esquina pero, recordad siempre que, grande es la generosidad del Edén para aquellos que saben respetarlo.