• Técnicas y equipos.

    Ciertamente, durante estos meses, nuestra presa se acerca más a costa: Pero a excepción del Mediterráneo, gracias al escalón que discurre paralelo a la zona intermareal – conocido popularmente como “rebalaje” - que permite capturas francas casi en la orilla, en el Atlántico nos encontraremos ante la necesidad de alcanzar con éxito donde la espuma “rompe”; un sector que, dependiendo de lo somero del lugar, rara vez se encontrará por debajo de la franja de los 70 a 100 metros, disminuyendo esta distancia a medida que avanza la bajamar o batamos zonas más profundas.

    Cañas. Zziplex y SAT

    Cañas que aúnen sensibilidad y potencia. Carretes con frenos dispuestos a darlo todo, yerros sin temor al barra cero y sedales que rocen el equilibrio perfecto. Nuestras herramientas llegarán a ser, objeto de culto.

    Un distancia, no obstante, al alcance de todos. Pero, si añadimos que habitualmente el viento que llegará a nuestros pesqueros será previsiblemente, amén de frío, originado desde la mar; que el peso extra que suponen cebos voluminosos son un inconveniente a afrontar y, que nos encontraremos inmersos en una zona donde la batiente y las corrientes son dueñas y señoras con el consiguiente riesgo de enredos, no está de más que prestemos unos momentos de atención a la preparación de nuestros equipos.

    Se impone el uso de un material potente, no necesariamente selectivo, pero si del todo fiable. Carretes seguros, con frenos fuera de toda duda, donde prime potencia sobre velocidad. Sedales, de un diámetro mínimo de .20, que rellenen nuestra bobina y, para asegurar el equilibrio entre la necesidad del lance potente y la confianza a la hora de traccionar presas que pueden superar los cinco kilos cuyas primeras acometidas amenazaran con hacernos escupir, en más de una ocasión, el corazón por la boca. Anzuelos amplios, seguros, … que claven con tan sólo mirarlos.

    Un único consejo, no escatimemos en la calidad de este componente, nos va la presa en ello. Numeraciones de un mínimo de 1/0 para tándems y montajes de cebos livianos, alternados con yerros de hasta el 3/0 para los grandes bocados, nos dejarán suficiente margen de confianza para frenar, en seco, la carrera de estos esprintes de las olas.

    Robalo. Dicentrachus Labrax

    El bajo, al gusto. Muchos preferimos hacer frente a las corrientes con la mínima expresión y, para este baile de espuma, personalmente no creo exista nada más eficaz que un bajo urfe. Este, en comunión con un sedal tipo amnesia o fluoro carbono de un diámetro medio del 0.40, nos permitirá sobrellevar al mayor enemigo que nos encontraremos, los enredos de un agua en constante agitación.

    Cañas. Zziplex en playa.

    Por último, necesitaremos de unas varas fuertes y, a la vez, sensibles. No voy a entrar en marcas ni modelos concretos. Hoy por hoy, disponemos de multitud de opciones que cubrirán los requisitos que buscamos. Potencia para el lance, flexibilidad durante la lucha y una cima lo suficientemente sensible que permita “leer las olas”. Bella, y vieja expresión que define, como ninguna, la capacidad de absorber, uno a uno, los golpes de mar por nuestros punteros sin ceder un centímetro en el anclaje del plomo y, que nada tiene que ver con el hibridación de algunos modelos.

    Dorada. Sparus aurata. ¿Quien dijo que en la pesca esta todo dicho?.  Ni el más recio invierno sería tal ... sin alguna captura inesperada.

     

    «  Página anterior

     

     

  •  
  • El Lance. Llegó el momento.

    Frente a la orilla de este mar agitado, con la ropa de abrigo puesta y el vadeador calzado, no hay marcha atrás. Estamos, o eso pensamos, en el momento oportuno y en el lugar apropiado.

     Al menos, ... eso nos cuenta nuestro querido cuaderno de anotaciones que tanto tiempo lleva acompañándonos en el bolsillo.

    La primera, al muergo pelado. En generoso bocado, tan sabroso qué en otras circunstancias de abúndate ruame, sería una locura utilizar, nos marcará la actividad.

    La otra, apuesta de órdago a la grande, llevará un suculento rejo de choco recogido esta misma mañana exprofeso.

    Mi colega me mira de reojo; sonríe bajo un pasamontañas calado hasta las cejas. El frío y la humedad nos cortan la respiración pero de nuevo, una vez más, estamos donde queremos. La bajamar de esta marea de 70 grados ... promete.

    Llevamos tentándolas desde noviembre y son varias ya las que reposan en casa Además, febrero, nunca se despidió de nosotros "a la francesa". Dos horas de espera han dejado ya a nuestros pies algunos sargos “dacatos” y varias de sus primas menores, las bailas, aún colean. Pero, hoy,… no hemos venido para eso.

    Por fin, como si atada a un cohete estuviera, la primera caña se tensa y curva.

    Es delicioso escuchar, como si de la primera vez se tratara, el rugir de esa chicharra que quiebra el silencio denso de esta noche de invierno. Franca, ha llegado la primera gran pieza, ¡... hay que regular el freno!.

    Quien ha tenido entre manos un buen robalo, por grande que este sea, sabe por experiencia que sólo tiene “dos carreras y una ahogá” y,… en eso andamos. Su forma de cazar es,… su propia perdición.

    El robalo, se ahoga solo. Abre su enorme boca y traga, sin parar, un agua que no le da tiempo a respirar.

    Robalo. Dicentrachus Labrax

    Tras la última carrera, un giro suave aprovechado la primera batiente y,…ahí está. Hermoso y sublime regalo de la mar.

    Pero, la experiencia nos alerta. Sabemos qué, si tenemos la suerte de topar con un grupo, nuestros frenos deben estar preparados.

    No es de extrañar que, tras atacar a la primera de nuestras cañas, suceda la siguiente picada en la que se encuentre a continuación, en dirección a contra corriente.

    Nos miramos, sus cañas siguen a las mías y,… llega el nuevo lance.

    Soberbio momento, como no puede ser menos, que culmina ante la captura de un animal capricho generosos de la naturaleza y cuna de afición de norte a sur.

    Robalo. Dicentrachus Labrax

    La tensa espera ha merecido la pena. Una temporada más, la mar nos obsequia con salvajes jirones de espuma hecha pez.

    El alba clarea y es hora de recoger. Miramos de reojo este rincón donde, quizás, hace casi dos mil años mi paisano, Lucio Junio Columela, describió al mundo, por primera vez, a las lobas del mar.

    Playas de Cadiz. 

    Sentir como somos herederos de tantos otros que nos precedieron. Llegar a respetar a nuestra presa de igual a igual, es ... Pasión de pesca,

    Nuestras manos, entumecidas, declaran las horas pasadas al raso viento del Norte pero, nuestro corazón de pescador, añora ya el próximo lance.  Tranquilos, un año ... pasa rápido.