• Especies menores.

    Dos son los representantes menores de estos espáridos en nuestras aguas. Tan abundantes que, en ocasiones, llegan a constituir por si solos el temido “ruameo” que limpia nuestros anzuelos y desespera nuestras jornadas pero, a su vez, parte imprescindible de los cardúmenes de “peces pasto”, alimento de nuestros grandes predadores litorales.

    Mojarras y raspallones. Cuestión de rayas.

    Diferenciar los pequeños representantes de la especie es tan fácil como ver negro sobre blanco. Si algo caracteriza a esta familia de peces es la presencia de bandas negras sobre sus plateadas escamas y, por tanto, sencillo recordar que la mojarra presenta dos marcas negras, una tras la cabeza en forma de cuña y otra, a semejanza de un anillo, sobre el nacimiento de la cola y que, a su vez, raspallones o alfajoas sólo muestran este último anillo al comienzo de la aleta caudal. Estas características nos permitirán identificar rápidamente, y sin dudas, a los primos más pequeños de la familia. Los demás sargos, todos los demás, presentan siempre un número mayor de líneas sobre su dorso en sus etapas juveniles. 

    Diplodus vulgaris        Una simple cuestión de rayas puede determinar la próxima ova. Conocer el porqué, y defenderlo a ultranza, … futuro de nuestra afición.

    .Raspallon. dipludus annularis

    Así que, la próxima vez que capturéis un pequeño sargo con más líneas de las descritas no penséis que se trata de una mojarra o un raspallón que gusta ponerse pijama, sino que estamos ante un alevín que merece su liberación. Olvidad la excusa del  “si ya no crecen más”. Tenéis en vuestras manos un macho joven, una futura hembra que no podrá ser fecundada en la próxima ova si no termina rápidamente donde debe, en el agua.

    Especies mayores

    Dejando atrás, por su escaso valor deportivo, a las inquietas mojarras y raspallones, esta familia de espáridos proporciona al surcaste tres especies aptas para proporcionar momentos inolvidables y fructíferas jornadas. De reconocida lucha, apreciada carne y con ejemplares que pueden alcanzar los dos kilos en el sargo picudo, los tres y medio en el común o, incluso, los cinco en el caso del sargo burgo. Los grandes sargos esperan nuestro encuentro. 

    Picudos y bedaos. Órdago a la grande. 

    Maciza cabeza, mandíbulas potentes y prominentes labios. Hasta cincuenta y cinco centímetros de longitud y, a veces, más de cinco kilos de un poderoso pez en el que la bella librea de sus cinco franjas negras destacan sobre un suave gris de reflejos dorados. Somera descripción de este bellísimo, y cada vez más escaso, representante de esta familia en nuestras aguas.

    Sargo soldado. Diplodus trifasciatus.

    El Sargo burgo, gigante de la familia y fiel a su pareja durante años. En su infatigable patrullar al límite de lo mixto, se convierte en una escama capaz de poner a cien los mejores equipos y los nervios de los mas templados.

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  •  
  • El sargoburgo es inquilino de farallones rocosos, construcciones artificiales y zonas mixtas en las que, pasadizos y galerías, se convierten en su refugio y fuente de alimento. Lugar donde la potencia del sargo soldado, nombre que adquiere por la curiosa costumbre de andar en colleras los de mayor tamaño, patrulla y goza de merecida fama.

    Su cuerpo - potente y compacto - y su capacidad para arrastrar nuestros bajos por todas las imperfecciones del fondo les dotan de esa especial astucia de la que sólo, algunas especies, hacen gala para eludir su captura. Para culminar con éxito el lance de esta esporádica presa en nuestras varas, más propia de la pesca embarcada, será fundamental mantener nuestra línea tensa, casi al límite de freno, no dejándole un solo respiro que le permita buscar el refugio que ansía.

    Sin duda, la belleza de la pesca se encuentra en la incertidumbre de la próxima picada y si, de pronto, tras esa esperada tormenta de verano al cobijo de nuestra cala favorita, nuestro próximo sargo se nos antoja extremadamente estilizado y de rostro más alargado que sus congéneres,…estamos de suerte. Uno de los más escasos representantes de la especie ha tenido a bien visitarnos.

    Sago picudo. Puntazzo puntazzo.
    Elegante y refinado. Sibarita amante de aguas limpias, el picudo, se convierte en uno de los más bellos encuentros de las últimas tardes del verano

    Es el sargo picudo o morruda una de las capturas fortuitas del surfcasting. Su elegante alternancia de finas bandas y su boca prominente, debido a la pérdida de los molares en los hermosos ejemplares de tamaño, llama pronto nuestra atención por sus formas delicadas.

    Playas de Cadiz.

    Disfrutar de la emoción que deparan lances que superen el kilo en esta especie es una sensación que, nunca, podrá ser igualada a la captura de diez jóvenes de cien gramos. El pescador deportivo no vive de la pesca, vive .... para pescar.

    El lance, cercano a esos fondos ricos en cascajos y vegetación donde piedra, posidonias y arenas recrean la riqueza de lo mixto, nos asombrara por su potencia.

    Capaz de mantener una lucha sin cuartel hasta el último momento sólo aquel que logre, sin brusquedades, el perfecto equilibrio entre recogida y freno conocerá el éxito de vencer unos incisivos dedicados a hurgar entre paredes rocosas capaces de cortar, sin miramientos, el más recio sedal.

    El cimbreo de la puntera nos devuelve pronto a la realidad. El inconfundible triple tintineo, enérgico y profundo, del starlite y la arrancá profunda nos reclama inmediata atención.

    Sargo comun. Diplodus sargus.

    Común por nombre pero único como rival. Del todo imposible no quedar maravillado por su bravura y potencia cuando, con nuestras finas líneas por único nexo, nos medimos una vez más al viejo sargo. Maestro de olas y espumas, máximo oportunista de resacas y escolleras. Él es, ahora, nuestro centro de atención. Su captura por el medio más selectivo, el más allá de las olas, nuestra gran aliada.